El reñidero puede considerarse una metáfora de la sociedad actual más allá que fue escrita en los sesenta y que está ambientada en los primeros años del siglo pasado. Relata la historia de una familia que tiene a sus integrantes enfrentados por el odio. El asesinato del padre profundizará esos conflictos y creará un ambiente tenso que se acrecentará con el transcurso de los minutos. Entonces, la justicia por manos propias ganará protagonismo. Pancho Morales (Carlos Vaccaro) era un guapo muy respetado en el barrio de Palermo. Su carácter aguerrido lo llevaba a ser temido por sus compañeros e incluso por su familia. Pero todo tiene un final y su liderazgo le valdrá enemigos que le costarán la vida. En ese momento, su hija Elena (Ebelyn Rita) sospechará de personas muy cercanas y alimentará el odio de su hermano Orestes (Bernardo Vitta) que deberá vengar a su padre caído. 
La obra desde los primeros minutos mantiene un clima tenso. Pancho Morales yace en el féretro y Elena discute con su madre atribuyéndole cierta ligereza a la hora de sentir la pérdida de su esposo. La música con la que se encuentra el espectador al llegar a sus butacas es fúnebre y vaticina un desarrollo intenso. Ese contexto oscuro se va entrelazando con escenas pasadas y permite entender el porqué del accionar de cada uno de los protagonistas. Esta manera constante de combinar imágenes presentes con otras más lejanas funciona como un pequeño rompecabezas que tendrá en su final la pieza más dramática. La actualidad de El reñidero reside en los aires revanchistas que se desprenden de la actitud de los hijos de Morales. Esto, en tiempos donde los medios de comunicación mantienen un mensaje del ojo por ojo encubierto, es muy ilustrativo con la realidad presente. La violencia posee un lugar privilegiado en las diversas esferas de nuestra sociedad siendo la única solución para muchos la respuesta con más violencia. Queda en claro en el mensaje de la obra de Sergio De Cecco que difícilmente a través de más odio se logre una salida que permita alivianar el dolor de una pérdida. Damián Cosenza |