Por Martín Fraire. Calificación: &&& (máximo &&&&&) Invictus cuenta la historia sobre cómo el recientemente elegido presidente de Sudáfrica Nelson Mandela debe volver a unificar a su país luego de un hecho tan significativo como el apartheid. Para eliminar aquella fractura social, Mandela elige el mundial de rugby de 1995 (del cual el país es anfitrión) como contexto específico; y para tal faena contará con el capitán del equipo, François Pienaar. Basado en el libro de John Carlin, Eastwood vuelve al género deportivo, esta vez para reflexionar acerca de la historia reciente, la política internacional y rendir a un homenaje categórico hacia una figura cuyo principal objetivo de la cinta es resaltar. Veamos. Morgan Freeman encarna a un Nelson Mandela de buena factura, con algunos gestos idénticos, sonrisa made in Colgate y el andar tan particular que el líder africano porta. Por su lado, Matt Damon logra crear un personaje loable y efectivo, a pesar de la ausencia de músculos garrafales. Ahora bien ¿Entabla la película una seria postura frente al hecho político -más que al deportivo- que significó el mundial de 1995? Pues, parecería ser que, en este caso, Eastwood se dejó llevar por la evidente admiración que siente ante la figura de Mandela, más que mostrar una filosofía acerca de aquella crucial división social. De alguna manera, el director de Río Místico parece saldar una deuda pendiente consigo mismo. Este es un homenaje hecho y derecho. Algo similar a lo que hizo en el año 2003 con Piano Blues, aquel documental en el que rinde tributo a los grandes músicos del género, y donde se lo puede ver sentado junto a Ray Charles con una enorme sonrisa en su rostro. No está mal que sir Clint haga este tipo de películas, el problema se puede plantear desde la butaca, donde uno como espectador espera algún atrevimiento de mayor calibre a cambio de diálogos sobrecargados y situaciones que, a la larga, resultan previsibles. De todas formas hay que decirlo: una película de mediano vuelo de Clint Eastwood, sigue siendo un gran cine. Y aquí se demuestra con las fantásticas escenas durante los partidos. Las tomas en las gradas y a los jugadores resultan de una belleza muy singular. El estreno de una película de este gran realizador siempre es motivo de festejo. Es probable que uno constantemente espere lo máximo de él, pero a esta altura ya no tiene nada que demostrar. Invictus es, sin ser un enorme trabajo, una película digna; un homenaje de un grande a otro. Desde aquí, y sin ponernos en exigentes, preferimos que con sus casi 80 años siga decidido a encarar nuevos proyectos, en vez de postrarse en su casa viendo algún recital de Muddy Waters. Mientras tanto, Invictus puede llegar a entretener, o hacer pensar, pero sólo en justa medida.
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